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  1. Amigo José, tuve la suerte de casi encontrármela. Quizás eso le dio un sabor especial.

    Estaba en el centro paseando con una amiga, precisamente en la calle Mármoles, cuando escuché el eco de tambores al fondo. Sonaba Corpus Christi. Bellísimo. Me acerqué a paso de mudá. Era casi un impulso interior. Y cuando llegué a la confluencia de Federico Rubio, La Virgen de la Alegría me sonreía. Preciosa. Bellísima.

    Buena entrada.

    Un abrazo.

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